Avances y desafíos en la Región de las Américas: Panorama cambiante de la salud y la equidad en la Región
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Mensajes clave
- La Región de las Américas ha logrado importantes mejoras en materia de salud. Las personas viven más tiempo: la esperanza de vida en el 2023 alcanzó los 77,1 años, superando el nivel prepandémico de 76,7 años registrado en el 2019. Al mismo tiempo, la vida de las personas es más saludable, aunque las mejoras en la salud han sido más lentas que los avances en la longevidad.
- Las mejoras han sido desiguales. Los promedios regionales ocultan grandes brechas entre los países y dentro de ellos. Los ingresos, el lugar de residencia, el nivel de escolaridad y el acceso a los servicios de salud desempeñan un papel fundamental a la hora de determinar quiénes se benefician de las mejoras en la salud y quiénes se quedan atrás.
- La cobertura universal de salud sigue siendo una agenda inconclusa. Hay más personas que antes que tienen acceso a servicios de salud esenciales, pero los gastos de bolsillo en salud siguen sumiendo a los hogares en dificultades financieras.
- La población está cambiando en maneras que afectan las necesidades de salud. Las personas viven más tiempo, las familias son más pequeñas y la migración está transformando las comunidades. Al mismo tiempo, hay más personas con enfermedades crónicas y discapacidad. En conjunto, estas modificaciones están ejerciendo nuevas presiones sobre los sistemas de salud.
- Las restricciones económicas dificultan el aumento de las inversiones en la salud. El crecimiento económico más lento, los presupuestos de salud limitados y la desigualdad persistente hacen que los países deban tomar decisiones difíciles sobre en qué invertir los recursos para lograr el mayor impacto en la salud.
- Los marcos regionales proporcionan un fundamento para la acción. El Plan Estratégico de la OPS 2026-2031 y otras iniciativas regionales ofrecen un camino, pero el progreso futuro requerirá una distribución más justa de los beneficios de salud, un uso más eficiente de los recursos y un financiamiento sostenible.
La Región de las Américas ha logrado avances sustanciales en materia de salud durante las últimas décadas. Las personas viven más tiempo, hay más personas que tienen acceso a servicios de salud esenciales y los gobiernos han invertido en sus sistemas de salud, con medidas que van desde el aumento del financiamiento y el fortalecimiento de la capacidad del personal de salud hasta la elaboración de planes estratégicos nacionales y la mejora de la calidad de la atención (1). Sin embargo, estas mejoras no se distribuyen de manera equitativa entre los distintos países ni dentro de ellos, ni está garantizado tampoco que se mantengan. Muchos hogares siguen dificultades para afrontar el costo de la atención de salud, y la Región enfrenta presiones cada vez mayores que amenazan con frenar o revertir el progreso. La población está envejeciendo, las familias son cada vez más pequeñas, y los índices de violencia y de traumatismos causados por el tránsito continúan siendo persistentemente altos. Además, están cambiando los tipos de problemas de salud que enfrentan las personas, con un aumento de las enfermedades crónicas y la discapacidad, además de las enfermedades infecciosas. Estos cambios están generando nuevas demandas de servicios de salud. Al mismo tiempo, el crecimiento económico más lento y las prioridades contrapuestas limitan los recursos disponibles para satisfacer estas demandas. Detrás de todas estas tendencias hay inequidades persistentes ligadas a los ingresos de las personas, el lugar donde viven y sus condiciones sociales. Estos factores determinan quiénes se benefician de las inversiones en la salud y quiénes se quedan atrás. En este capítulo se analizan estas dinámicas entrecruzadas para proporcionar el contexto necesario de los desafíos y las disyuntivas que se exploran en esta edición de Salud en las Américas.
¿Tienen las personas de la Región de las Américas una vida más larga y saludable?
En el 2023, la esperanza de vida al nacer en la Región de las Américas era de 77,1 años, lo que superaba el punto máximo prepandémico de 76,7 años registrado en el 2019 (figura 1). A principios del milenio, la Región era la que tenía la mayor esperanza de vida de todas las regiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero luego ha registrado un avance más moderado que el de otras regiones, en particular la Región de Europa (78,5 años en el 2023) y la Región del Pacífico Occidental (77,8 años). Las proyecciones estiman que esta brecha persistirá hasta el 2050, mientras que la Región de África y la Región de Asia Sudoriental seguirán acortando distancias.
Esperanza de vida al nacer por región de la OMS, 2000-2050 (proyecciones a partir del año 2023)
La esperanza de vida ajustada en función del estado de salud (EVAS) es el número de años que se espera que una persona de una edad determinada viva con “buena salud”, teniendo en cuenta las muertes prematuras y los resultados de salud no mortales causados por la discapacidad. La EVAS también ha aumentado en la Región de las Américas desde el 2000, aunque de forma más lenta que la esperanza de vida general. Entre el 2000 y el 2023, la esperanza de vida en la Región aumentó de 73,2 años a 77,1 años, a un ritmo general de poco más de dos meses por año. En cambio, la EVAS aumentó de 63,1 años a 64,5 años durante ese período, es decir, a un ritmo medio de aproximadamente tres semanas por año (2).
Esta divergencia entre las tasas de esperanza de vida y las de EVAS pone de relieve que los aumentos la longevidad no han ido acompañados de mejoras equivalentes en los años de vida saludable. De hecho, la Región de las Américas es la que presenta la proporción más baja de esperanza de vida saludable respecto a la esperanza de vida total, en comparación con todas las demás regiones de la OMS, y esta tendencia se ha acelerado en los últimos años (figura 2). En otras palabras, si bien la población de la Región de las Américas vive más tiempo que nunca antes, pasa una proporción menor de ese tiempo gozando de plena salud.
Este patrón, junto con el ritmo más lento de mejora en la esperanza de vida en la Región de las Américas en comparación con otras regiones del mundo, puede reflejar una desconexión entre los avances en la longevidad y los que se producen en las condiciones sociales subyacentes que los determinan (3, 4). Los resultados de salud dependen de otros factores y no solo de la atención de salud. También están condicionados por los determinantes sociales de la salud, que la OMS define como “las circunstancias en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, así como su acceso al poder, al dinero y a los recursos” (5). Entre ellos hay factores como la clase social, el género, la raza, el origen étnico, los ingresos, las condiciones laborales, la calidad de la vivienda y otros aspectos que inciden en la vida cotidiana. Las decisiones de comportamiento individuales y los recursos del sistema de salud también son importantes, ya que actúan dentro de estos contextos sociales y económicos más amplios.
Esperanza de vida ajustada en función del estado de salud (EVAS) como porcentaje de la esperanza de vida totala
Inequidades en materia de salud en la Región
Estos promedios regionales de esperanza de vida y de EVAS proporcionan una importante visión general para la referencia y evaluación comparativa a nivel mundial, pero ocultan inequidades importantes dentro de la Región. Para examinar los patrones de equidad dentro de la Región, en este capítulo los países se agrupan utilizando el índice sociodemográfico (ISD) del Instituto de Sanimetría y Evaluación Sanitaria, un parámetro de medición compuesto del nivel de desarrollo que combina las tasas de fecundidad de las personas menores de 25 años, el nivel medio de años de escolarización de las personas de 15 años o más y los ingresos per cápita distribuidos con un desfase temporal. El ISD toma valores entre 0 (el valor más bajo) y 1 (el valor más alto), y presenta una intensa correlación con los resultados de salud.
En la figura 3 se muestra la distribución de los valores del ISD por país en el 2023, lo que revela diferencias notables. Haití tuvo la puntuación más baja en el ISD, con un valor de 0,464, mientras que Canadá tuvo la más alta, con un valor de 0,887. La mayor parte de los países de Centroamérica se agrupan en la franja de valores bajos o medianos, mientras que los países de América del Norte, el Caribe y varios de América del Sur, como Argentina, Chile y Uruguay, se encuentran en la franja superior. Estas brechas reflejan profundas diferencias no solo en el nivel de desarrollo, sino también en los factores que no son médicos que determinan la salud, como los ingresos y la educación.
Mediante el algoritmo de Fisher-Jenks, se establecieron cinco grupos de países (grupos A al E) para el análisis de la equidad que se hace en este capítulo. Los países del grupo A son los que tienen las puntuaciones más bajas en el ISD y representan el nivel de desarrollo más bajo, mientras que los del grupo E son los que tienen las puntuaciones más elevadas y representan el nivel de desarrollo más alto.
Índice sociodemográfico por país,a Región de las Américas, 2023
Las inequidades que se muestran en la figura 3 se traducen directamente en diferencias en los resultados de salud. El análisis de la EVAS por grupo según el ISD revela que esta difiere entre los distintos grupos de países determinados según el ISD (figura 4). En el 2023, los países del grupo A (el grupo con las puntuaciones más bajas en el ISD) tuvieron un promedio de EVAS al nacer de 60,1 años. Por el contrario, los países del grupo D (el grupo con las segundas puntuaciones más altas en el ISD) tuvieron un promedio de EVAS de 67,1 años, el más alto de todos los grupos. Los países del grupo E, entre los que se encuentran Canadá y Estados Unidos de América, quedaron por debajo de los países del grupo D en cuanto al promedio de EVAS por primera vez en el 2008, a pesar de tener un nivel de desarrollo superior. En el grupo E, la EVAS en el 2023 fue de 64,9 años.
También se observan diferencias en la EVAS entre las mujeres y los hombres en todos los grupos de países (figura 4). En el 2023, las mujeres vivían más años con buena salud que los hombres en todos los grupos de países, con un intervalo de valores que iba desde 1,4 años más en los países del grupo A hasta 3,7 años más en los del grupo B. Esta brecha de género existe desde hace mucho tiempo, pero se ha reducido un poco en los últimos años. La brecha puede explicarse por el hecho de que los hombres enfrentan una mayor mortalidad que las mujeres por algunas afecciones, como las cardiopatías isquémicas y los cánceres de las vías respiratorias, así como por la violencia, los traumatismos causados por el tránsito y los traumatismos laborales, el suicidio y los trastornos por consumo de sustancias psicoactivas (6).
Esperanza de vida ajustada en función del estado de salud por sexo y por grupo de países según el índice sociodemográfico,a Región de las Américas, 2000-2023
¿El gasto en salud se traduce en una mayor esperanza de vida?
Los países han estado gastando más en la salud dado que la población que envejece necesita más atención de salud y los patrones de las enfermedades están cambiando. Además, las tecnologías nuevas, aunque a menudo costosas, han ampliado lo que podemos tratar y al mismo tiempo se han incrementado las inversiones en la preparación ante pandemias.
Una pregunta clave es si el aumento del gasto en salud se traduce en mejores resultados de salud. En la figura 5(a) se muestra la relación entre el gasto corriente en salud per cápita y la esperanza de vida entre el 2000 y el 2023. Los países resaltados en color corresponden a los que tienen la mayor esperanza de vida para un determinado nivel de gasto en salud. Todos los demás países de la Región se indican en gris. En la figura 5(b) se muestra la misma relación para el 2023, asignando a los países un código de color de acuerdo con su grupo según el ISD (en el apéndice I se pueden ver otras figuras adicionales de series temporales por grupos según el ISD).
Relación entre el gasto corriente en salud per cápitaa y la esperanza de vida al nacer por país,b Región de las Américas, 2000-2023
Relación entre el gasto corriente en salud per cápitaa y la esperanza de vida al nacer por país y por grupo de países según el índice sociodemográfico,b Región de las Américas, 2023
Los datos ponen de relieve dos mensajes clave. En primer lugar, se observa una clara tendencia ascendente, lo que sugiere una correlación positiva entre cuánto gasta un país en la salud y cuánto tiempo viven las personas. Sin embargo, la esperanza de vida se ve influida por mucho más que el mero gasto en salud. Como se mencionó anteriormente, los determinantes sociales de la salud, como los ingresos, la educación, la vivienda y el acceso al agua potable, también desempeñan un papel importante en la determinación de la esperanza de vida de las personas, independientemente de cuánto inviertan los países en sus sistemas de salud.
El segundo mensaje clave es que puede haber oportunidades para mejorar la eficiencia en las inversiones en los sistemas de salud de algunos países. Los países que se encuentran en la parte superior central de la figura 5(a), como Perú, Costa Rica y Chile, lograron una esperanza de vida alta con niveles relativamente modestos de gasto en salud. Esto sugiere que es posible que cuenten con sistemas de salud eficientes (7). Los países que se encuentran en la parte superior derecha de la figura 5(a) podrían tener un potencial de optimización de sus inversiones, ya que gastaron comparativamente más en la salud y, sin embargo, alcanzaron niveles de esperanza de vida comparables a los de algunos países con menor gasto. Además, el panorama del 2023 que se muestra en la figura 5(b) revela que muchos países que gastan cantidades similares en la salud obtienen resultados distintos en cuanto a la esperanza de vida. Estas diferencias sugieren que una priorización cuidadosa de las inversiones en el sistema de salud, junto con políticas estratégicas y decisiones de gobernanza, pueden aumentar el rendimiento de la inversión más allá de lo que se obtiene simplemente gastando más. Un ejemplo de decisión estratégica es el de dar prioridad a intervenciones con una relación costo-efectividad favorable, como la lista de la OMS de “mejores inversiones” para prevenir y controlar las enfermedades no transmisibles (ENT) (8).
De cara al futuro, los países pueden prever que el gasto en salud aumente a medida que la Región siga registrando un crecimiento económico y que su población envejezca, con valores per cápita proyectados que ya para el 2050 se duplicarán en casi todos los países de la Región (9).
¿Llegan los servicios de salud esenciales a toda la población y son asequibles para las personas?
Además de ayudar a las personas a tener una vida más larga y saludable, los países de la Región se esfuerzan por garantizar un acceso uniforme y equitativo a servicios de salud e intervenciones de calidad. Este esfuerzo se formaliza en la meta 3.8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para lograr la cobertura universal de salud, que incluye fortalecer la protección frente a los riesgos financieros, el acceso a servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos, vacunas y otros productos de salud esenciales (como medios diagnósticos y dispositivos) que sean seguros, eficaces, de calidad y asequibles para todas las personas (10). La OMS mide el logro de la cobertura universal de salud mediante dos indicadores: la cobertura de servicios de salud esenciales y la proporción de la población que enfrenta dificultades financieras en relación con la salud.
Cobertura de los servicios de salud esenciales
Los servicios de salud esenciales se definen como la disponibilidad de servicios de salud reproductiva, materna, neonatal e infantil, la atención de enfermedades infecciosas y la atención de las ENT, así como la capacidad de los servicios y el acceso a ellos. La Región de las Américas ha logrado avances notables en la cobertura de los servicios de salud esenciales en comparación con otras regiones de la OMS (11).
En la figura 6(a) se muestra la relación entre el gasto público en salud y la cobertura de los servicios de salud esenciales desde el 2000 hasta el 2023. Aquí se analiza el gasto público nacional porque las intervenciones financiadas con fondos públicos influyen más directamente en la cobertura de los servicios. Los países resaltados en color corresponden a los que tienen la mayor cobertura de servicios de salud esenciales para un nivel determinado de gasto público. Todos los demás países de la Región se indican en gris. En la figura 6(b) se muestra la misma relación para el 2023, y se asignan códigos de color a los países de acuerdo con su grupo según el ISD (en el apéndice I se pueden ver otras figuras adicionales de series temporales por grupos según el ISD).
Relación entre el gasto público nacional total en salud per cápitaa y la cobertura de los servicios de salud esenciales, por país,b Región de las Américas, 2000-2023
Relación entre el gasto público nacional total en salud per cápitaa y la cobertura de servicios de salud esencialesb por país y por grupo de países según el índice sociodemográfico,c Región de las Américas, 2023
Al igual que las tendencias observadas con respecto a la esperanza de vida en la figura 5, los datos de la figura 6 muestran una tendencia favorable: en general, a medida que aumenta el gasto público en salud, también lo hace la cobertura de servicios de salud esenciales. Los países situados en la parte superior central de la figura 6(a), como El Salvador, Barbados, Brasil y Costa Rica, alcanzaron una cobertura alta de servicios de salud con niveles relativamente modestos de gasto público en salud entre el 2000 y el 2023, lo que sugiere la presencia de sistemas de salud eficientes. Haití ha enfrentado desafíos tanto por su gasto bajo en salud como por su cobertura baja de servicios, mientras que Canadá y Estados Unidos de América han invertido sustancialmente más y cuentan con una cobertura alta de servicios, en el extremo opuesto del espectro.
El panorama del 2023 que se muestra en la figura 6(b) indica notables diferencias en la cobertura de servicios entre países con niveles comparables de gasto público, lo que refleja las diferencias de eficiencia observadas en la figura 5. Estas diferencias apuntan a oportunidades para mejorar el desempeño de los sistemas de salud mediante decisiones de política y de gobernanza, como dar prioridad a intervenciones adecuadas y fortalecer las plataformas de prestación de servicios, con el fin de ayudar a los países a lograr una mejor cobertura con sus niveles actuales de gasto. La relación entre la cobertura de servicios de salud y el gasto público se ve influida por muchos factores, entre ellos los costos del sistema de salud, los determinantes sociales de la salud y los contextos políticos y normativos. Las decisiones de política también influyen en la disponibilidad confiable de insumos esenciales, como el personal, los medios diagnósticos, los medicamentos, las vacunas y el equipamiento, que determinan si los servicios prioritarios pueden prestarse de manera continua (esto se analiza con más detalle en los capítulos 3 y 4).
Dificultades financieras en relación con la salud
El segundo indicador de la OMS para medir el logro de la cobertura universal de salud son las dificultades financieras. Si bien la inversión gubernamental en los servicios de salud y la cobertura de los servicios se han ampliado sustancialmente en los últimos veinte años, persisten las dificultades financieras para los hogares (11, 12). Todas las regiones de la OMS, incluida la Región de las Américas, han tenido dificultades para reducir el número de personas que enfrentan gastos elevados de atención de salud. Los gastos de bolsillo superiores al 20% del total de los gastos corrientes en salud (GCS) se consideran por lo general problemáticos (1), y los gastos de bolsillo de la Región aún representan casi un tercio de los gastos corrientes en salud de la Región (13).
Los hogares de los países menos desarrollados soportan una carga financiera desproporcionada por la atención de salud en comparación con los hogares de los países más desarrollados. En los países más desarrollados, los mecanismos de financiamiento conjunto se han ampliado considerablemente, y con ello se ofrece protección financiera a las familias. Por ejemplo, en el 2023, los hogares de los países menos desarrollados de la Región (grupo A según su ISD) asumieron el 53% del gasto nacional en salud mediante gastos de bolsillo, lo que supone más de cuatro veces más que los hogares de los países más desarrollados (grupo E según su ISD) (11%). En los países del grupo E, los sistemas públicos y obligatorios sólidos aportaron la mayor parte del financiamiento. Otros factores, como la edad y las modalidades de convivencia, también pueden afectar los costos de bolsillo de un hogar. Los hogares rurales o multigeneracionales suelen enfrentar mayores tasas de dificultades financieras debidas a los gastos de bolsillo, especialmente en el caso de los hogares en los que viven personas mayores de 60 años (11).
Composición del gasto corriente nacional en saluda por grupo de países según el índice sociodemográfico,b Región de las Américas, 2023
Las dificultades financieras debidas a los gastos de bolsillo en salud tienen dos componentes: a) un gasto elevado que supera el 40%, pero que se mantiene por debajo del 100% del presupuesto discrecional de un hogar y b) un gasto empobrecedor que supera el 100% del presupuesto discrecional de un hogar (ya sea en personas que ya se encuentran en situación de pobreza y no cuentan con presupuesto discrecional, o en personas que se ven empujadas a la pobreza por sus gastos de bolsillo en salud) (14). Como se muestra en la figura 8, las dificultades financieras en la Región se deben principalmente a los gastos empobrecedores, más que a los gastos elevados. Las dificultades financieras se concentran en gran medida en las personas que ya se encuentran en una situación de pobreza (11).
En el 2022, poco más de una quinta parte de la población mundial se vio empobrecida debido a los gastos de bolsillo en salud. El promedio regional fue inferior al promedio mundial, aunque hay diferencias sustanciales entre los países. Argentina, Nicaragua, Perú y Haití registraron porcentajes de gastos empobrecedores superiores al promedio mundial.
Porcentaje de la población con dificultades financieras por los gastos de bolsillo en salud, comparación entre algunos países de la Región de las Américas y los promedios mundiales y regionales, año de encuesta más reciente disponiblea
¿Qué otros factores clave influyen en la salud más allá del propio sistema de salud?
Los desafíos en materia de cobertura de servicios de salud y protección financiera descritos anteriormente están determinados por problemas estructurales más profundos, entre ellos el envejecimiento poblacional, la migración, las limitaciones económicas y la desigualdad social. Todos estos factores afectan el acceso a la atención de salud, lo que puede dar lugar a necesidades de atención de salud insatisfechas y a inequidades en materia de salud entre los países y dentro de ellos. En 17 Estados Miembros de la OPS, un promedio del 35% de la población refiere necesidades de atención de salud insatisfechas, con grandes diferencias entre los países, desde el 3% en Costa Rica hasta el 73% en Perú (15). Estas brechas se han mantenido relativamente estables a lo largo del tiempo y han seguido patrones claros relacionados con los ingresos: las necesidades insatisfechas son el doble en los países de ingresos medianos bajos (49%) que en los países de ingresos altos (23%); y esas necesidades afectan a las personas más pobres dentro de los países.
Las barreras para acceder a la atención de salud que se mencionan con mayor frecuencia son de carácter organizativo, como la disponibilidad de los servicios, los tiempos de espera largos y la fragmentación de los servicios. Las barreras financieras les siguen de cerca, aunque su importancia relativa varía según el contexto (16). También influyen otros factores relacionados con la demanda, como la alfabetización sobre salud, la aceptabilidad cultural, el idioma, la confianza en los prestadores y la capacidad o disposición para desenvolverse en los sistemas de salud. La evidencia cualitativa revela cómo la calidad percibida de la atención, la discriminación, los trámites administrativos y las experiencias pasadas influyen en la decisión de las personas de buscar atención de salud, y estos son aspectos que las encuestas cuantitativas a menudo pasan por alto.
Estas barreras de acceso están determinadas, a su vez, por factores sociales, ambientales, políticos y económicos más amplios, como se mencionó anteriormente. La desigualdad de ingresos, la inequidad racial y étnica, las brechas educativas, los problemas de vivienda, el empleo y las condiciones de vida contribuyen a producir las tendencias analizadas a lo largo de este capítulo, incluido el motivo de que la esperanza de vida difiera entre distintos países y dentro de ellos, de que haya diferencias en la cobertura de los servicios de salud, de que algunos hogares enfrenten dificultades financieras debidas a la salud mayores que las de otros, y de que algunos grupos poblacionales sean más vulnerables a las presiones demográficas y económicas.
Concretamente, los ingresos tienen un impacto profundo en los resultados de salud y en el acceso a la atención de salud. Las personas del quintil de ingresos más bajo presentan tasas mucho más altas de mortalidad materna (7 veces mayores), mortalidad infantil (4,5 veces mayores) y mortalidad debida a la falta de acceso a agua potable, saneamiento e higiene (6 veces mayores) en comparación con las personas del quintil de ingresos más alto (17). En el 2022, el 29% de la población de América Latina se encontraba en la pobreza y el 11% en la pobreza extrema.
Las presiones demográficas, los flujos migratorios y las limitaciones económicas más amplias también son determinantes sociales importantes de la salud que están interconectados y se agravan mutuamente. El envejecimiento poblacional aumenta la demanda de servicios de salud, mientras que un crecimiento económico más lento limita los presupuestos. La migración redefine quién necesita atención y también quién la presta. En estas dinámicas subyacen las inequidades sociales que siguen determinando quién soporta la mayor carga. Comprender estas conexiones es esencial para abordar los desafíos del sistema de salud analizados en el capítulo 2.
Los ingresos y otros determinantes sociales de la salud pueden tener un impacto profundo en los resultados de salud y el acceso a la atención de salud.
Cambios demográficos
Entre el 2000 y el 2023, la población de la Región pasó de más de 800 millones a casi 1050 millones, lo que representa un aumento de aproximadamente el 30% (18). A pesar de este crecimiento, las familias son cada vez más pequeñas. En el 2023, la tasa de fecundidad mundial se situaba en 2,2 hijos por mujer, justo por encima de la tasa de reemplazo demográfico comúnmente aceptada de 2,1 (la tasa a la que el tamaño de la población se mantiene constante de una generación a otra). La Región ya había cruzado este umbral en el 2012 (18), y para el 2023 la tasa regional había seguido bajando a 1,7 hijos por mujer.
Tasa de fecundidad total por país,a Región de las Américas, 2000-2050 (proyecciones a partir del 2023)
Las tasas de fecundidad difieren en distintos lugares de la Región, pero están convergiendo (figura 9). En el 2000, las tasas oscilaban entre un máximo de 4,6 hijos por mujer en Guatemala y un mínimo de 1,5 en Canadá. Para el 2023, Haití era el país con la tasa más alta (2,7) y Chile era el que tenía la tasa más baja (1,2). Las proyecciones indican que todos los países estarán por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1 para el 2050.
En combinación con una mayor esperanza de vida, la disminución de la fecundidad significa que la Región de las Américas está envejeciendo rápidamente en comparación con otras regiones de la OMS (19). En el 2000, la población infantil de 5 a 9 años constituía el grupo etario más numeroso (un 9,8% en el sexo masculino y un 9,2% en el femenino), lo que daba a la pirámide etaria de la Región una forma triangular distintiva (figura 10). Para el 2023, nacían menos bebés cada año, lo que dio lugar a una pirámide con forma de “colmena”, con una distribución más igualada en la mitad inferior de los grupos etarios. Los grupos etarios más numerosos pasaron a ser el de 30 a 34 años en el sexo femenino (7,4%) y el 15 a 19 años en el sexo masculino (7,6%).
Distribución de la población por edad y sexo, Región de las Américas, comparación entre el año 2000 y el 2023
El envejecimiento poblacional plantea dos desafíos importantes para los sistemas de salud. En primer lugar, los sistemas de salud deben adaptarse para hacer frente a los patrones cambiantes de las enfermedades y las afecciones que son más comunes en las personas mayores (en especial, las ENT, los problemas de salud mental y la discapacidad), lo que requiere nuevos modelos de prestación de servicios y nuevas prioridades de investigación.
En segundo lugar, es posible que los insumos y los recursos se reduzcan a medida que disminuyan los ingresos fiscales y haya menos trabajadores de salud disponibles para integrar el personal de salud (20).
Migración
La migración afecta la salud a nivel personal de varias maneras importantes, como la aparición de nuevos factores de estrés para la salud mental y de riesgos ambientales para la salud. Las personas migrantes tienen más probabilidades de trabajar en el sector informal sin protecciones sociales; habitar viviendas precarias; enfrentarse al aislamiento social, las barreras lingüísticas y, en ocasiones, la violencia; y, con frecuencia, no cuentan con documentación o reconocimiento legal. Además, a menudo tienen dificultades para acceder a una atención de salud asequible, esencial y continua. Por ejemplo, las personas migrantes con empleos precarios están representadas de manera desproporcionadamente alta en trabajos con largas jornadas laborales y malas condiciones de trabajo. Las estimaciones de la OMS y la Organización Internacional del Trabajo relacionan las jornadas laborales largas con aproximadamente 745 000 muertes al año solo por accidentes cerebrovasculares y cardiopatía isquémica, lo que representa la mayor causa de mortalidad relacionada con el trabajo a nivel mundial (21). Algunas personas migrantes no usan lo suficiente la atención preventiva y la APS, y en las comunidades en diáspora concentradas, esto puede desplazar la demanda de servicios de salud hacia fases posteriores de atención aguda o urgente. Además, la migración transforma al propio personal de salud: algunos países se benefician de una entrada de trabajadores de salud, mientras que otros pueden enfrentar una escasez de personal debido a que los trabajadores emigran o se van temporalmente.
En el 2024 había 14 millones de migrantes intrarregionales en América Latina y el Caribe, y 27 millones de personas nacidas en América Latina y el Caribe en Canadá y Estados Unidos de América (22). Canadá, Estados Unidos de América, Chile y Colombia fueron los países que registraron una mayor entrada de personas migrantes por 1000 habitantes en el 2023, mientras que San Vicente y las Granadinas, Guyana, República Bolivariana de Venezuela y El Salvador fueron los que registraron una mayor salida (figura 11).
Tasa bruta de migración neta anual por 1000 habitantes por país, Región de las Américas, 2023
El desplazamiento interno tiene repercusiones en la salud similares a las de la migración internacional. En el 2023, los desplazamientos internos en la Región de las Américas representaron casi el 6% del total de desplazamientos internos a nivel mundial. De las personas desplazadas internas, aproximadamente una cuarta parte se debió a conflictos y violencia, y tres cuartas partes a desastres, incluidos huracanes y otros desastres de origen natural (22).
Crecimiento económico y gasto en salud
Un crecimiento económico intenso permite mayores inversiones en el sistema de salud, lo que, a su vez, puede ampliar la cobertura de los servicios de salud, fortalecer el personal de salud y mejorar la calidad de los servicios. En la figura 12 se muestra la evolución del crecimiento económico a lo largo del tiempo, a partir del 2000 y con proyecciones hasta el 2030. Desde el 2000, el crecimiento económico en la Región de las Américas ha estado por debajo del promedio mundial, y las proyecciones indican que esta tendencia continuará hasta el 2030. El crecimiento anual del producto interno bruto per cápita de la Región fue, en promedio, del 3,8%, en comparación con el promedio mundial del 4,7%. La excepción se produjo en el 2021, durante la recuperación de la pandemia de COVID-19, cuando el crecimiento regional fue del 11,3% frente al 11,1% a nivel mundial. Las proyecciones estiman un crecimiento razonable para la Región hasta el 2030, de entre el 3,5% y el 5,9% anual. Si se mantiene, esta trayectoria podría respaldar aumentos graduales en el gasto público en salud, siempre y cuando se priorice la salud en las decisiones presupuestarias nacionales. Los países con un crecimiento más lento o más volátil podrían enfrentarse a restricciones presupuestarias, lo que podría limitar el grado en el que se compartan ampliamente o se mantengan a lo largo del tiempo los avances regionales en materia de cobertura y resultados de salud.
Variación porcentual anual del producto interno bruto (PIB) per cápita,a Región de las Américasb en comparación con el promedio mundial, 2000-2030 (proyecciones a partir del 2024 o el 2025c)
Más allá del crecimiento económico, hay otros factores que afectan el margen fiscal para la inversión en el sistema de salud, la política tributaria, la eficiencia del gasto, la voluntad política y la asignación de prioridades entre necesidades apremiantes o contrapuestas, como las pensiones, la educación y otros servicios públicos.
En conjunto, las tendencias descritas en este capítulo dibujan un panorama claro: la Región de las Américas ha logrado avances reales en materia de salud, pero esos avances están distribuidos de manera desigual, son financieramente frágiles para muchos hogares y para algunos países, y se ven sometidos a la presión de fuerzas demográficas y económicas que se intensificarán en las próximas décadas. Para hacer frente a estos desafíos se requieren sistemas de salud que no solo cuenten con mejores recursos, sino que también sean más equitativos, eficientes y receptivos a las necesidades de salud y las condiciones sociales que determinan la salud desde la base.
Respuesta al desafío: Marco estratégico de la OPS para la acción regional en materia de salud
Estos desafíos han sido factores de motivación importantes para la agenda regional de la OPS y de los Estados Miembros, y se reflejan en el nuevo Plan Estratégico de la OPS 2026-2031. Por ejemplo, la Iniciativa de Mejor Atención para las ENT de la OPS y la Alianza por la Atención Primaria de Salud en las Américas responden a la carga cada vez mayor de las ENT (véase el capítulo 2) y al llamamiento para fortalecer la inversión, la innovación y la implementación de la APS (véase el capítulo 3). La Iniciativa de la OPS para la Eliminación de Enfermedades aborda la carga de las enfermedades infecciosas, que sigue concentrándose de manera desproporcionada en los entornos de menor desarrollo.
Los Fondos Rotatorios Regionales de la OPS hacen posible el acceso equitativo a medicamentos y medios diagnósticos esenciales, a vacunas de calidad y a insumos de salud pública, mediante compras estratégicas y conjuntas, lo que reduce los costos, mejora la previsibilidad de los precios y las condiciones de entrega, y fortalece la continuidad del suministro. La Ruta Panamericana para la Salud Digital, una iniciativa en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y algunos países participantes, promueve la interoperabilidad de los sistemas de información de salud y el intercambio de información de salud dentro de los países y entre ellos. Contar con una infraestructura de datos más sólida es esencial para realizar un seguimiento del desempeño, establecer prioridades y asignar recursos, aspectos que son cruciales para enfrentar los desafíos que se avecinan. La Plataforma Regional de Innovación y Producción de la OPS promueve asociaciones estratégicas, fomenta la investigación y apoya el desarrollo y la producción de tecnologías sanitarias en la Región, al tiempo que brinda cooperación técnica a los Estados Miembros y facilita el diálogo regional.
El nuevo Plan Estratégico de la OPS (aprobado en el 2026) ofrece una visión unificadora sobre la manera en que se contribuirá a mejorar la salud y el bienestar en toda la Región. Varios compromisos del Plan responden directamente a las tendencias señaladas en este capítulo, entre ellos la definición de agendas de investigación y difusión del conocimiento para determinar mejor las prioridades clave y fundamentar las líneas de acción para la Región, así como la eliminación progresiva de los pagos de bolsillo para mejorar el acceso a una atención de salud de calidad, asequible y eficaz. Además, en el Plan se establece el compromiso con el liderazgo y la promoción de las alianzas donde se requieran esfuerzos coordinados, en especial para abordar el impacto complejo e interrelacionado de los determinantes sociales de la salud (véase el capítulo 4).
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Partiendo del contexto general resumido en este capítulo, en el capítulo 2 se examinan los patrones de pérdida de la salud, incluidos los cambios en toda la Región relacionados con los años de vida ajustados según la discapacidad (AVAD), la mortalidad prematura, la discapacidad, las principales causas de enfermedad y muerte, los riesgos para la salud modificables y la carga de enfermedad potencialmente evitable. Este análisis proporciona la base empírica para la asignación de prioridades y la agenda de respuesta del sistema de salud que se presenta en los capítulos siguientes.