Prefacio
La Región de las Américas ha logrado importantes avances en materia de salud en las últimas décadas, como el aumento de la esperanza de vida, la ampliación del acceso a la atención de salud y el progreso medible en relación con algunas de las enfermedades más persistentes que han afectado a nuestra población. Sin embargo, como deja claro esta edición de Salud en las Américas, gran parte de la carga de enfermedad que enfrenta la población de nuestra Región sigue siendo potencialmente evitable; es decir, muchas de las enfermedades o afecciones que tienen las personas podrían tratarse y controlarse adecuadamente mediante una atención de salud oportuna y de calidad, o podrían prevenirse por completo con medidas de salud pública y prevención primaria, como las políticas contra el tabaco. De hecho, los datos ponen de manifiesto que otros países del mundo ya han logrado mejores resultados con respecto a esas mismas enfermedades y afecciones. El desafío que tenemos ante nosotros ya no es simplemente generar evidencia, puesto que cada vez se comprende mejor qué funciona y por qué es importante. En su lugar, el desafío radica ahora en una rectoría sólida y una gobernanza eficaz. Esto incluye la capacidad de los países de traducir la evidencia en acción, los recursos en resultados medibles y los compromisos en una atención de calidad prestada a gran escala.
Este informe, que se centra en priorizar la carga de enfermedad evitable para maximizar el impacto, llega en un momento crucial. En la Región de las Américas, la pérdida de salud se concentra cada vez más en un conjunto específico, aunque complejo, de afecciones (enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y problemas de salud mental) para las cuales existen intervenciones eficaces y asequibles de prevención y atención, pero que a menudo siguen estando fuera del alcance de quienes las necesitan. En él constamos que casi el 40% de la carga de enfermedad en la Región es potencialmente evitable sobre la base del desempeño alcanzado en otros lugares. Si bien no todos los países pueden subsanar esta brecha por completo o de inmediato, esto apunta a oportunidades concretas de mejora. Nuestros sistemas de salud cuentan con la evidencia que necesitan, lo que requieren ahora es la capacidad institucional y de servicios para actuar en consecuencia.
En este contexto, abordamos la rectoría y la gobernanza entendidas como la capacidad de las autoridades de salud y sus asociados para establecer prioridades claras, armonizar las políticas y el financiamiento, formar coaliciones y alianzas para la implementación, y hacer que los sistemas de salud rindan cuentas sobre los resultados. Sin esta capacidad, incluso los conjuntos de intervenciones más costo-efectivos y los presupuestos más generosos no podrán alcanzar su pleno potencial. En una época de recursos limitados, en la que los gobiernos de toda la Región enfrentan presiones fiscales cada vez mayores, una rectoría y gobernanza eficaces son cruciales para lograr un progreso sostenido.
Esta convicción refleja no solo las conclusiones de este informe, sino también los desafíos y las aspiraciones que los países nos han transmitido directamente, incluso mediante el Plan Estratégico de la OPS 2026-2031. Las autoridades de salud de toda la Región de las Américas han indicado sistemáticamente que la rectoría y la gobernanza son algunas de sus necesidades más apremiantes. También han manifestado su ambición de acelerar el progreso hacia la eliminación de aquellas enfermedades para las que existen intervenciones de eficacia comprobada, la reducción de la mortalidad prematura prevenible y la construcción de sistemas de salud lo suficientemente resilientes como para resistir emergencias futuras. La Iniciativa de la OPS para la Eliminación de Enfermedades, cuyo propósito es poner fin para el 2030 a más de 30 enfermedades transmisibles y problemas de salud relacionados, es un componente integral de esta agenda, al igual que nuestro compromiso con la atención primaria de salud como columna vertebral de los sistemas de salud resilientes. A esto se suma nuestra labor de preparación ante pandemias, dado que la capacidad del sistema de salud local más débil determina la solidez de la seguridad sanitaria mundial.
Invito a todos los Estados Miembros a sacar el máximo partido de la evidencia y las herramientas analíticas que se presentan en este documento para determinar dónde se pueden lograr las mayores ganancias para la salud, cuantificar y definir la carga evitable, y diseñar y armonizar las intervenciones prioritarias mediante la atención primaria de salud. La evidencia es clara y la oportunidad es sustancial: priorizar la carga que se puede evitar, crear capacidad institucional y de servicios para una implementación a gran escala, y hacer que los sistemas de salud rindan cuentas sobre los resultados. La OPS está lista para acompañar a cada país en este camino. Juntos, tenemos la oportunidad de reducir la discapacidad y la enfermedad, salvar millones de vidas y construir una Región de las Américas más saludable para todas las personas.