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Flag of El Salvador

Perfil de país - El Salvador

Los perfiles de país de la plataforma Salud en las Américas+ se han elaborado a partir de los indicadores interagenciales disponibles hasta las fechas indicadas. Las fuentes pueden consultarse en este cuadro. En algunos casos, debido al proceso de verificación, los valores de los indicadores pueden diferir de aquellos más recientes disponibles en el país.  

 

Determinantes sociales y ambientales de la Salud

El Salvador ha experimentado transformaciones demográficas y sociales que impactan directamente en la salud y el bienestar de la población. La población total pasó de 5,744,113 habitantes en 2007 a 6,029,976 en 2024 con un crecimiento del 4.98%; aunque el incremento absoluto es moderado, la estructura por edades muestra cambios relevantes.[1]

Uno de los cambios más significativos es el aumento de la población de 65 años y más, que pasó de 390,327 en 2007 a 637,024 en 2024, lo que equivale a un crecimiento del 63.20%. Este acelerado proceso de envejecimiento repercute en la demanda de servicios sanitarios y en la necesidad de políticas de atención integral a las personas adultas mayores. En consecuencia, el índice de envejecimiento se incrementó al pasar de 20.00 en 2007 a 49.00 en 2024 , con una variación del 145%, ello significa que, por cada 100 personas menores de 15 años, hoy existen casi 49 adultos mayores de 65 años, lo que transforma las demandas sociales y sanitarias del país.[1]

La composición por sexo se mantiene con una tendencia similar, en la que la razón de mujeres por cada 100 hombres fue de 111.2 en 2007 y de 111.7 en 2024, lo que representa una variación del 0.45%. Esto confirma un leve predominio femenino, especialmente en los grupos etarios de mayor edad.[1]

Gráfico 1. Pirámide poblacional según edad y sexo de El Salvador, 2000 y 2024

Por su parte, el índice de dependencia se redujo de 68.6 en 2007 a 47.3 en 2024, equivalente a una disminución del 31.05%; este cambio refleja una mayor proporción de población en edad productiva en comparación con la población dependiente, lo que constituye una ventana de oportunidad demográfica. Por otro lado, y de forma simultánea, la esperanza de vida al nacer se elevó de 69.8 a 75.6 años entre 2007 y 2025, un incremento del 8.28% que refleja mejoras sanitarias y condiciones de vida. [1][2]

La dinámica demográfica de El Salvador muestra dos tendencias clave. Por un lado, la población en edad de trabajar creció un 26.36% entre 2007 y 2024, pasando de 3.6 a 4.6 millones de personas. Sin embargo, dentro de este grupo, la Población Económicamente Activa (PEA) disminuyó 2.68% pasando de 3,104,867 a 3,021,703 entre el periodo (2019-2024). [1][3]

En el ámbito laboral, se observó una mejora en la tasa de desempleo, que se redujo del 6.34% en 2019 al 4.65% en 2024, lo que representa una disminución del 26.66%. Actualmente existen estrategias de reactivación económica que incluyen desarrollo productivo, atracción de inversiones, fortalecimiento del emprendedurismo, capacidades e incentivar la formalidad y calidad de empleo. [3]

Los indicadores socioeducativos también muestran un progreso constante. El promedio de años de escolaridad aumentó de 6.2 en 2007 a 8.0 en 2024, un avance que fortalece la base de capital humano del país e impacta positivamente en la equidad social y las oportunidades de desarrollo. Este progreso se refleja en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que pasó de 0.653 en 2007 a 0.678 en 2023. [1][4]

En el plano de los determinantes ambientales básicos del hogar, El Salvador presenta niveles altos de cobertura de servicios esenciales con mejoras relevantes en condiciones que inciden directamente en la carga de enfermedad. La cobertura de saneamiento aumentó de 94.3% en el 2007 a 96.0% para el 2024, lo cual denota avances en infraestructura y acceso, aunque persiste una brecha cercana al 4% de la población sin cobertura plena asociada a desigualdades territoriales y socioeconómicas. En cuanto a la cobertura de agua se mantuvo en un nivel muy alto y estable 99% tanto en 2007 como en 2024, indicando un acceso prácticamente universal, pero con el reto de sostener calidad, continuidad y seguridad del servicio aspectos no capturados solo por “cobertura”. Finalmente, el indicador con mayor salto fue la cobertura de combustibles con mejor calidad del aire en interiores, que pasó de 67.2% en 2007 a 87.7% en el 2024 incrementando 20.5 puntos porcentuales, lo que implica una reducción potencial de exposición al humo intradomiciliario y riesgos asociados (especialmente respiratorios). [1]

Los indicadores de financiamiento en salud de El Salvador muestran tres tendencias principales. Primero, el gasto público en salud como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) aumentó del 4.6% en 2017 al 6.1% en 2024 (preliminar). Segundo, su participación dentro del gasto total del gobierno también creció, pasando del 16.5% en 2017 al 21.2% en 2024, lo que evidencia una mayor priorización fiscal hacia el sector. Finalmente, y como consecuencia de lo anterior, el gasto de bolsillo de los hogares en salud se redujo de manera sostenida, descendiendo del 37.3% en 2017 al 31.3% en 2024.[5] Si bien estos indicadores reflejan un entorno más favorable para el bienestar social y sanitario, persisten desafíos estratégicos. Entre ellos destacan el acelerado envejecimiento de la población y retos estructurales del mercado laboral, los cuales demandan un abordaje integral. 

COBERTURA DIGITAL

La transformación digital en El Salvador ha mostrado un avance significativo en los últimos años, evidenciado por el crecimiento sostenido en la conectividad, el porcentaje de hogares con conexión a internet se incrementó de 23.35% en 2019 a 42.01% en 2024, lo que representa una variación del 79.91%, este progreso refleja una mayor disponibilidad de infraestructura tecnológica y el impulso de políticas públicas orientadas a reducir la brecha digital en los territorios. A la vez, la población con acceso a internet pasó de 51% en 2019 a 79.80% en 2024 con incremento porcentual de 28.8 puntos porcentuales, lo que evidencia una ampliación considerable en el uso de servicios digitales por parte de la ciudadanía. Al mismo tiempo, estos avances fortalecen la base para la implementación de estrategias de salud digital, el acceso a información en tiempo real y la integración de la población en entornos virtuales de educación, trabajo y atención en salud.[1][7]

SITUACIÓN DE SALUD

Salud materno-infantil

En El Salvador se ha avanzado de manera sostenida desde el 2019 en el fortalecimiento del desarrollo infantil temprano, mediante iniciativas estratégicas como la Política Nacional 'Crecer Juntos', la Ley Nacer con Cariño y la Ley Amor Convertido en Alimento. Estas acciones se han complementado con el fomento a la lactancia materna y el fortalecimiento de los programas de atención integral a la primera infancia, iniciativas lideradas por la oficina del despacho de la Primera Dama y el Ministerio de Salud.[8]

Se ha implementado el nuevo Modelo de Atención de las Maternidades “Nacer con Cariño”, que tiene como propósito principal garantizar que las mujeres y sus recién nacidos experimenten el proceso de nacimiento en un entorno digno, cálido y respetuoso, el modelo se ha consolidado a través de diferentes acciones: como el fortalecimiento de la infraestructura y equipamiento para el cumplimiento del modelo centrado en la familia “Nacer Con Cariño”, así como en los profesionales en salud, y en la transformación digital con la implementación del Número Único de Identificación (NUI) desde su nacimiento, tanto en el ámbito público como privado, ha sido un paso estratégico.[8]

Estas acciones han contribuido a sentar bases sólidas para mejorar los indicadores de salud materna e infantil, esto se ve reflejado entre el 2019 y 2021 con la cobertura de atención prenatal con al menos cuatro visitas, en la que se mostró un incremento importante, pasando de 72.0% a 87.2% y superando el valor de referencia internacional de 80–90%; de manera complementaria, la atención del parto por personal capacitado se mantuvo en niveles óptimos, alcanzando 99.7% en ambos años, muy por encima del valor ideal de 87%, lo que evidencia un acceso universal a la atención obstétrica segura.[9][10][11]

En los resultados perinatales, el bajo peso al nacer (<2,500 g) presentó una ligera variación al alza, de 9.9% en 2019 a 10.2% en 2024. Por otra parte, en la mortalidad infantil se observó una reducción significativa al pasar de 9.3 muertes por cada 1,000 nacidos vivos en 2019 a 7.9 en 2024, cifra muy inferior al umbral internacional de 25, lo que confirma progresos sostenidos en la supervivencia infantil.[8][9]

La dinámica demográfica refleja una transición acelerada de la fecundidad. La tasa global de fecundidad disminuyó de 2.1 hijos por mujer en 2014 a 1.4 en 2024, situándose por debajo del valor de reemplazo generacional (2.25). De igual forma, la fecundidad en adolescentes (15–19 años) mostró un descenso marcado de 74 nacidos vivos por 1,000 mujeres en 2014 a 39.4 en 2021, resultado de los avances en la prevención del embarazo precoz.[11][12]

Enfermedades transmisibles

Entre 2019 y 2024, la tasa de nuevos casos de VIH disminuyó de 18.16 a 15.21 por 100,000 habitantes, lo que sugiere avances en promoción, prevención y detección temprana. Asimismo, la tasa de mortalidad por VIH se mantuvo estable en 2 por 100,000 habitantes entre 2022 y 2024, lo que refleja el impacto positivo del acceso sostenido al tratamiento antirretroviral en la reducción de los decesos.[9][13][14][15]

En relación con la rabia humana, el país ha consolidado avances sostenidos hacia la meta de eliminación, al no haberse registrado casos desde 2008 a la fecha. Este logro refleja la efectividad de las estrategias de vacunación animal y el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica.[16]

Enfermedades no transmisibles y factores de riesgo

Las Enfermedades no Transmisibles (ENT) para el año 2024, concentran el 62.6% del total de muertes, de las cuales el 63.8% son prematuras (entre 30-70 años), las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte por ENT con 39.09%, seguido de enfermedad renal crónica con 21.16%, cáncer con 17.61%, diabetes con 10.18%, enfermedades respiratorias crónicas con 5.3% y otras con 6.66%. Además, la prevalencia de consumo de tabaco en personas de 15 años y más, mostró una disminución de 8.8% en 2015 a 7.4% en 2022, evidenciando un leve descenso progresivo en este hábito de riesgo.[9][17][18]

Sobre el estado nutricional de la población, la prevalencia de sobrepeso y obesidad pasó de 38.4% en 2013 a 66.2% en 2015.[19][20]

MORTALIDAD

Mortalidad General y Prematura

El análisis de la mortalidad en El Salvador entre 2019 y 2024 revela una tendencia favorable, reflejo del impacto de las políticas de salud pública y los avances en la atención médica.

La tasa de mortalidad general disminuyó de 5.9 a 5.5 defunciones por cada 1,000 habitantes. En particular, la mortalidad prematura (defunciones antes de los 70 años) se redujo un 2.17 %, al pasar de 304.3 a 297.7 muertes por cada 100,000 habitantes. La tasa de muertes prematuras potencialmente evitables varió solo un 0.22 % (de 95.50 a 95.29) y la de causas tratables un 0.25 % (de 77.42 a 77.23). En conjunto, esta evolución confirma una mejora gradual en las condiciones de salud de la población y en la capacidad de respuesta del sistema sanitario del país.[1][9][15]

Mortalidad por Enfermedades y Causas Específicas

Respecto a la tasa de mortalidad por enfermedades transmisibles, la tasa disminuyó de 15.87 a 15.29 defunciones por cada 100,000 habitantes entre 2019 y 2024, lo que representó una reducción del 3.65%. La tasa de mortalidad por Enfermedades No Transmisibles (ENT) presentó un descenso de 239.3 a 211.0 en el mismo periodo, equivalente a una reducción del 11.83%.[9]

La tasa de mortalidad por causas externas mostró también un descenso, de 19.1 a 16.9 por cada 100,000 habitantes entre 2019 y 2024, lo que representó una variación relativa de 11.5%, la cual está relacionada con la disminución de la mortalidad por violencia interpersonal. En cuanto a las muertes por siniestros viales, la tasa disminuyó de 22.27 a 21.61 por 100,000 habitantes.[9][21]

Mortalidad por Cáncer

Entre 2019 y 2024, la mortalidad por distintos tipos de cáncer en El Salvador mostró una significativa reducción, reflejando el impacto positivo de las intervenciones de prevención, diagnóstico oportuno y tratamiento.

 En el caso del cáncer cervicouterino, la tasa de mortalidad disminuyó de 7.65 a 6.42 muertes por cada 100,000 mujeres, resultado posiblemente asociado a la implementación de estrategias como la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH), el tamizaje con pruebas de VPH de mayor sensibilidad y el abordaje temprano mediante termocoagulación. De manera similar, la mortalidad por cáncer gástrico descendió de 7.35 a 5.94 por cada 100,000 habitantes, mientras que la correspondiente al cáncer de colon y recto se redujo de 4.84 a 4.72. Asimismo, la mortalidad por cáncer de pulmón disminuyó de 3.41 a 2.47 por cada 100,000 habitantes. En contraste, en los tumores que afectan predominantemente a la población masculina, la mortalidad por cáncer de próstata se mantuvo, con tasas que oscilaron entre 2.89 y 2.92 por cada 100,000 hombres. Este comportamiento subraya la necesidad de continuar fortaleciendo las estrategias de tamizaje, diagnóstico temprano y acceso a tratamientos especializados.[9]

Perspectivas y logros

Información proporcionada por el Ministerio de Salud de El Salvador (MINSAL).

Tabla de Contenidos

 

PERSPECTIVAS

Sistema de salud en El Salvador

La medición de las Funciones Esenciales de Salud Pública (FESP), en el marco renovado de la OPS/OMS, ha permitido a El Salvador consolidar un proceso sistemático de evaluación de capacidades institucionales, identificación de brechas críticas y formulación de un Plan Nacional para el fortalecimiento de las FESP en el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). Este ejercicio ha fortalecido la toma de decisiones basada en evidencia, el diálogo político interinstitucional y la articulación del sistema, orientando las políticas públicas hacia objetivos sanitarios sostenibles y alineados con el enfoque de salud universal. 

De cara a los próximos años, los resultados también ponen de manifiesto la necesidad de profundizar y sostener los esfuerzos de fortalecimiento, particularmente en la traducción de los marcos normativos y de gobernanza en capacidades operativas efectivas, acceso oportuno a servicios especializados y reducción de brechas territoriales. En este contexto, el Plan Nacional de fortalecimiento de las FESP se proyecta como un instrumento estratégico para avanzar de manera progresiva y medible, asegurando que los avances institucionales se reflejen en mejoras concretas y sostenidas en la salud de la población.[22]

Transformación del modelo de atención y fortalecimiento de las redes de servicios

La transformación del modelo de atención del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) se operacionaliza mediante el Modelo de Atención para el Sistema Nacional Integrado de Salud y los Lineamientos de Categorización de Establecimientos de Salud del Ministerio de Salud, los cuales ordenan la red de servicios según niveles de complejidad, capacidad resolutiva y funciones diferenciadas. Este proceso se alinea con el enfoque de Redes Integrales e Integradas de Servicios de Salud (RIISS) y fortalece el rol del primer nivel de atención como puerta de entrada al sistema y gestor del cuidado a lo largo del curso de vida, sentando las bases para una organización funcional de la provisión de servicios en el territorio.[23][24][25]

La categorización contribuye a optimizar los mecanismos de referencia y contrarreferencia, asegurar la complementariedad funcional entre los distintos niveles de atención y mejorar la eficiencia en el uso de los recursos disponibles. En este marco, el fortalecimiento del primer nivel de atención ha permitido integrar de manera progresiva acciones de promoción, prevención, diagnóstico oportuno, tratamiento, rehabilitación y cuidados paliativos, con un enfoque centrado en las personas, las familias y las comunidades, en coherencia con los principios de la Atención Primaria de Salud (APS) renovada. Al mismo tiempo, este avance evidencia la necesidad de continuar consolidando capacidades resolutivas, homogeneizar la implementación en los territorios y reforzar la articulación efectiva con los niveles de mayor complejidad, como elementos clave para garantizar continuidad del cuidado y equidad en el acceso. [24][26]

Salud digital y Sistemas de información

El Salvador ha avanzado de manera sostenida en la transformación digital del sistema de salud mediante la implementación del Sistema Integrado de Salud (SIS), una plataforma interoperable de desarrollo nacional que integra procesos clínicos, administrativos y diagnósticos en los tres niveles de atención. Entre 2024 y 2025, el SIS alcanzó una cobertura superior al 95 % de los establecimientos públicos de salud, habilitando la gestión digital de consultas, citas, farmacia y expediente clínico electrónico, con avances progresivos hacia un registro clínico único interoperable. La interoperabilidad funcional se ha fortalecido con la integración de la Red Nacional de Laboratorios (RELAB), cuya cobertura se incrementó de 0 % en 2019 a aproximadamente 90 % en 2025, así como con el desarrollo del anillo radiológico nacional bajo estándares Imagen Digital y Comunicaciones en Medicina (DICOM) orientado a la lectura centralizada y el almacenamiento digital de estudios de imagen. [27]

Paralelamente, el país ha implementado una red nacional de Telecentros en el marco del Proyecto Nacional de Teleasistencia, integrada al primer nivel de atención del SNIS y operativa en todas las regiones de salud mediante el número único 131. Esta red ha permitido ampliar el acceso efectivo, reducir barreras geográficas y fortalecer la continuidad del cuidado a través de servicios de teletriaje, teleorientación, teleconsejería, teleagendamiento, telemonitoreo y atención en salud mental, apoyados en la plataforma SIS-Telesalud y protocolos estandarizados.[28]

Hasta el 2024 se han registrado 14.957 usuarios atendidos, incluyendo niñas y niños, mujeres embarazadas, personas con ENT y población adolescente. Se reportan 5.160 atenciones vinculadas a teleagendamiento y 1.395 atenciones en salud mental, que incluyen intervención en crisis, teleseguimiento y referencia especializada. El modelo fortalece la articulación entre atención remota y presencial, contribuyendo a la continuidad del cuidado en el SNIS.[28]

Los avances alcanzados evidencian la necesidad de continuar consolidando la identificación única del paciente, profundizar la interoperabilidad interinstitucional, fortalecer los sistemas de apoyo a la decisión clínica y asegurar la sostenibilidad operativa y la calidad de la atención remota, de manera que la salud digital se consolide como un componente estructural y confiable del modelo de atención y de la continuidad del cuidado en el SNIS.[28]

Avances en enfermedades no transmisibles y control de factores de riesgo

Las enfermedades no transmisibles (ENT) continúan representando la principal carga de morbimortalidad en El Salvador; no obstante, entre 2019 y 2024 se registró una disminución sostenida de la tasa general de mortalidad por ENT, con reducciones en diabetes, enfermedades cardiovasculares y neoplasias. Esta evolución es consistente con las prioridades de la Estrategia Regional de la OPS para la Prevención y Control de las ENT y refleja el impacto del Plan Estratégico Nacional Multisectorial para la Prevención y Control de las ENT, particularmente en el fortalecimiento del primer nivel de atención, la acción intersectorial sobre los factores de riesgo y la mejora del acceso a intervenciones costo-efectivas a lo largo del curso de vida.[28][29][30][31] 

Un hito relevante ha sido la implementación de la Estrategia HEARTS desde 2021, que ha permitido estandarizar el manejo de la hipertensión arterial en el primer nivel de atención mediante protocolos clínicos basados en evidencia, acceso a medicamentos esenciales y sistemas de monitoreo continuo. Para 2024, más de 800 establecimientos de salud implementaban HEARTS, situando a El Salvador entre los países con mayor nivel de expansión de la estrategia en la Región de las Américas, en consonancia con las metas regionales de control de la hipertensión y reducción de la mortalidad cardiovascular. Al mismo tiempo, estos avances ponen de relieve la necesidad de consolidar la cobertura efectiva, reducir brechas territoriales, fortalecer la continuidad del cuidado y asegurar la sostenibilidad de los sistemas de seguimiento y evaluación, a fin de mantener y profundizar los logros alcanzados de manera equitativa y sostenida. [28][29][30][31]

Cáncer, Estrategia de Erradicación Acelerada del Cáncer Cervicouterino

El abordaje integral del cáncer ha mostrado avances relevantes, particularmente en el cáncer cervicouterino. La implementación de la Estrategia de Erradicación Acelerada del Cáncer Cervicouterino ha permitido reducir la mortalidad mediante la combinación de vacunación contra el virus del papiloma humano, tamizaje con pruebas de alta sensibilidad y tratamiento oportuno con tecnologías apropiadas.[32]

Asimismo, se han observado descensos en la mortalidad por cáncer gástrico, colorrectal y de pulmón. En el caso del cáncer de próstata, la mortalidad se ha mantenido relativamente estable, lo que plantea desafíos adicionales en detección temprana y abordaje integral. En el cáncer pediátrico, el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica, la estandarización de protocolos clínicos y la cooperación internacional han contribuido a mejorar la sobrevida.[28]

Desde 2020, El Salvador implementa la Estrategia de Erradicación Acelerada del Cáncer Cervicouterino, alineada con la iniciativa global de la OMS y operativizada a través de las Redes Integrales e Integradas de Servicios de Salud (RIISS). La estrategia comprende: vacunación contra el VPH, tamizaje primario con prueba de VPH y tratamiento oportuno, lo que se ha asociado con una reducción sostenida de la mortalidad, de 7,65 muertes por 100.000 mujeres en 2019 a 6,42 en 2024. En prevención primaria, la vacunación VPH se incorporó al esquema nacional con dosis única para niñas de 9 a 21 años y niños de 9 a 11 años, alcanzando en 2024 coberturas de 84% y 63%, respectivamente.[28][32] 

En detección y tratamiento, el país institucionalizó a escala nacional el tamizaje con prueba de VPH, mediante toma por proveedor y auto-toma, con más de 292.500 mujeres tamizadas y una cobertura acumulada de 73% en 2024. La positividad promedio fue de 15%, y más del 80% de los casos positivos se resolvieron en el primer nivel mediante tratamiento ablativo, respaldado por una red de 19 laboratorios y 75 centros de tratamiento. La cobertura de tratamiento alcanzó 76,1%, con referencia de casos complejos a la red hospitalaria, en el marco de lineamientos técnicos y una vía clínica nacional para el abordaje integral.[28]

Cuidados Paliativos

El Salvador ha avanzado en la institucionalización de los cuidados paliativos como componente del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), integrándolos de manera progresiva en los tres niveles de atención, con énfasis en el primer nivel de atención como puerta de entrada y coordinador del cuidado. La creación en 2021 de la Oficina Nacional de Cuidados Paliativos fortaleció la rectoría y permitió la emisión de normativa nacional que establece la obligatoriedad del abordaje paliativo en la red pública, así como su incorporación transversal en programas prioritarios: cáncer, enfermedades no transmisibles, VIH, tuberculosis y atención a personas mayores, en coherencia con el enfoque de Atención Primaria de Salud (APS) y continuidad del cuidado.[28]

Entre 2020 y 2024, la cobertura de cuidados paliativos se incrementó de 5.241 a 12.569 atenciones, en asociación con la expansión progresiva de servicios en hospitales y unidades de salud, así como con el fortalecimiento de las capacidades del recurso humano. Este crecimiento pone de relieve la necesidad de continuar ampliando la disponibilidad territorial, estandarizar la calidad de la prestación en todos los niveles y asegurar la sostenibilidad de los servicios, de modo que los avances alcanzados se traduzcan de manera consistente en acceso oportuno, continuidad del cuidado y resultados centrados en la dignidad y calidad de vida de las personas.[28]

Inmunización

El Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) constituye un componente estructural del desempeño del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) en El Salvador, al garantizar intervenciones preventivas costo-efectivas a lo largo del curso de vida. Entre 2020 y 2024, el país mantuvo coberturas elevadas en vacunas trazadoras, con avances relevantes en la continuidad de los esquemas: la segunda dosis de PCV13 aumentó de 92,8 % a 95,9 %; DPT3 se mantuvo entre 95 % y 96 %; SRP1 alcanzó 96,2 %; el refuerzo de hexavalente se incrementó de 78,8 % a 90,6 %; y el refuerzo de OPV de 85,1 % a 91,8 %. La cobertura de vacunación contra el sarampión se sostuvo en niveles altos y estables, con 96% entre 2019 y 2024 superando holgadamente la meta mínima del 86%. Estos resultados reflejan mejoras sostenidas en la cobertura poblacional efectiva, particularmente en cohortes infantiles, y se acompañan de procesos de fortalecimiento operativo como la modernización de la cadena de frío, la incorporación de energía solar en zonas de difícil acceso, la certificación del personal de salud y el reforzamiento de la vigilancia integrada de sarampión, rubéola y poliomielitis.[33]

El país mantiene la eliminación del sarampión autóctono, la rubéola y el síndrome de rubéola congénita, así como el estatus libre de poliomielitis y tétanos neonatal, y ha ampliado el esquema nacional con nuevas vacunas y estrategias dirigidas a la niñez, la población adolescente y la inmunización materna.[28]

En paralelo, El Salvador se posiciona entre los primeros países de la Región de las Américas en implementar el certificado digital de vacunación contra la fiebre amarilla, conforme a los estándares de la Red Global de Certificación en Salud Digital de la OMS, en el marco del Reglamento Sanitario Internacional (RSI, 2005) y sus enmiendas de 2024. Este avance fortalece la interoperabilidad sanitaria regional, la trazabilidad de la inmunización y la seguridad sanitaria transfronteriza; no obstante, también plantea el desafío de consolidar la sostenibilidad financiera y operativa del PAI, reducir brechas territoriales persistentes, y escalar progresivamente la certificación digital a otros eventos sujetos al RSI. Abordar estos desafíos permitirá consolidar los logros alcanzados en la vacunación como pilar fundamental del sistema de salud.[28][34][35]

Una sola salud

El Salvador ha avanzado en la institucionalización del enfoque de Una Sola Salud (One Health) como estrategia clave para enfrentar amenazas sanitarias complejas y emergentes. La priorización nacional de zoonosis, la creación de mecanismos formales de coordinación intersectorial y la definición de una hoja de ruta nacional han fortalecido la vigilancia integrada, la preparación y respuesta ante emergencias y la acción sobre los determinantes ambientales y sociales de la salud, en consonancia con los compromisos regionales e internacionales en materia de seguridad sanitaria.[28][36][37][38] 

Al mismo tiempo, estos avances identifican áreas de mejora, como la necesidad de continuar profundizando la operacionalización territorial del enfoque, consolidar la interoperabilidad de los sistemas de información entre los sectores involucrados, fortalecer las capacidades técnicas y de laboratorio y asegurar la sostenibilidad de los mecanismos de coordinación intersectorial. Abordar estos desafíos de manera progresiva permitirá consolidar el enfoque de Una Sola Salud como un componente estructural de la gobernanza sanitaria, reforzando la prevención, detección temprana y respuesta integral frente a riesgos sanitarios actuales y emergentes.[28][36][37][38]

Avance en la Hoja de ruta de eliminación de enfermedades transmisibles

El Salvador ha alcanzado hitos relevantes en la eliminación y control de enfermedades transmisibles, destacando la certificación como país libre de malaria otorgada por la OMS en 2021, resultado de décadas de inversión sostenida en vigilancia epidemiológica, control vectorial y participación comunitaria. La sostenibilidad de este logro se apoya en el fortalecimiento de los sistemas digitales de vigilancia y en marcos normativos actualizados. De manera complementaria, el país ha avanzado en la hoja de ruta para la Eliminación de la Transmisión Materno-Infantil (ETMI Plus) del VIH, sífilis, hepatitis B y Chagas, fortaleciendo la gobernanza, la calidad de los datos y la integración de servicios a lo largo del continuo de atención materno-infantil.[38][39] 

Asimismo, en el ámbito de la resistencia antimicrobiana, la adopción del enfoque de Una Sola Salud ha permitido progresos en regulación, vigilancia microbiológica y promoción del uso racional de antimicrobianos. En este contexto, el país se encuentra preparando y actualizando hojas de ruta de eliminación y control, orientadas a consolidar los avances alcanzados y a abordar desafíos persistentes relacionados con la sostenibilidad operativa, la detección temprana, la integración Interprogramática y la equidad territorial. El abordaje progresivo de estos retos permitirá fortalecer la prevención y mantener los logros de eliminación alcanzados.[38]

Emergencias, resiliencia y respuesta ante desastres

El fortalecimiento de la preparación y respuesta ante emergencias de salud pública se ha materializado mediante la operación del Centro de Operaciones en Emergencias de Salud Pública (COESP), el desarrollo de Equipos Médicos de Emergencia (EMT) y la consolidación del Sistema de Emergencias Médicas (SEM), incrementando la capacidad del país para responder de manera coordinada, oportuna y articulada a crisis sanitarias y desastres. Estos avances se enmarcan en la implementación del Reglamento Sanitario Internacional (RSI), reforzando las capacidades básicas de vigilancia, alerta temprana, gestión de eventos y coordinación interinstitucional, en coherencia con los compromisos internacionales y con el enfoque de seguridad sanitaria.[40][41][42][43]

Estos avances abren la oportunidad de abordar los desafíos asociados a la consolidación sostenible de las capacidades del RSI, incluyendo la integración operativa entre los niveles nacional y territorial, la interoperabilidad de los sistemas de información, el fortalecimiento continuo del recurso humano y la evaluación periódica de las capacidades básicas. En este contexto, resulta clave profundizar los mecanismos de planificación, simulación y mejora continua, de modo que la respuesta ante emergencias se mantenga oportuna, eficaz y resiliente, fortaleciendo la confianza pública y la capacidad del sistema de salud para enfrentar amenazas sanitarias actuales y emergentes.[40][41][42]

Atenciones a Emergencias Médicas

El Sistema de Emergencias Médicas (SEM) se ha consolidado como un componente estratégico del Modelo de Atención del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) y un pilar operativo de la preparación y respuesta ante emergencias de salud pública, al fortalecer la atención prehospitalaria como primera línea para la reducción de la mortalidad y la discapacidad asociadas a causas agudas, traumatismos y eventos cardiovasculares. A través de su Centro Coordinador nacional (132), el SEM gestiona en tiempo real las llamadas de emergencia mediante equipos multidisciplinarios y una capacidad operativa que incluye más de 140 ambulancias terrestres, 4 acuáticas, 3 medios aéreos medicalizados, 17 bases operativas y más de 500 recursos humanos, apoyada por el SISMED 911, que asegura la trazabilidad de la atención desde la llamada inicial hasta la entrega del paciente en la red de servicios.[28][41][44]

Los estándares de desempeño alcanzados, con tiempos de salida menores a 3 minutos, llegada en menos de 30 minutos y resolución en menos de 90 minutos en más del 90 % de los casos, evidencian mejoras sustantivas en la oportunidad, calidad y resiliencia del sistema, garantizando una respuesta continua 24/7 ante emergencias y desastres. Estos avances subrayan la necesidad de continuar fortaleciendo la cobertura territorial, la sostenibilidad operativa, la integración funcional con la red hospitalaria y el desarrollo continuo del talento humano, de modo que la capacidad instalada del SEM se consolide de manera equitativa y consistente como un componente clave para la respuesta ante emergencias y atención prehospitalaria del SNIS.[28][41]

Investigación y evidencia para la toma de decisiones en salud

El Instituto Nacional de Salud (INS) constituye el órgano rector de la investigación en salud y un pilar estratégico para la producción de evidencia científica que orienta la formulación de políticas, la planificación sanitaria y la toma de decisiones en el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). En este marco, la definición y desarrollo de una agenda nacional de investigación en salud, alineada con las prioridades sanitarias del país y las necesidades del sistema, ha contribuido a fortalecer la generación de conocimiento pertinente y su vinculación progresiva con la gestión y la prestación de servicios. De manera complementaria, el Programa Nacional de Guías de Práctica Clínica ha reforzado la calidad, seguridad y homogeneidad de la atención, reduciendo la variabilidad clínica y promoviendo el uso racional de tecnologías sanitarias.[45][46][47]

Si bien estos avances son significativos, evidencian desafíos relevantes asociados a la consolidación de la implementación de la agenda de investigación, el fortalecimiento de capacidades institucionales y territoriales para la investigación, la sostenibilidad de los mecanismos de financiamiento y la traducción sistemática de la evidencia en decisiones clínicas y de política pública. En este sentido, resulta clave continuar fortaleciendo los procesos de priorización, coordinación interinstitucional y monitoreo del impacto de la investigación y de las guías clínicas, de manera que la producción de evidencia se consolide como un componente estructural, transparente y confiable para la mejora continua de la calidad, la eficiencia y los resultados en salud en el SNIS.[45][46][47]

Fuerza laboral

El Instituto Especializado de Educación Superior en Salud (IEHES) desempeña un rol estratégico en el fortalecimiento de la fuerza laboral en salud, alineando la formación y educación continua con el Modelo de Atención, las RIISS y las prioridades sanitarias nacionales. La incorporación de competencias en APS, salud pública, vigilancia, emergencias y calidad contribuye a mejorar la capacidad resolutiva y la sostenibilidad del sistema.[48][49]

El fortalecimiento del recurso humano en salud se orientó a alinear competencias con el perfil epidemiológico y demográfico nacional. Entre 2019 y 2024 se amplió la formación en especialidades y áreas estratégicas, incluyendo cuidados paliativos, rehabilitación, nutrición clínica y emergencias médicas. Este proceso se acompañó de la expansión de residencias médicas, formación internacional y capacitación en gestión hospitalaria. Asimismo, se incorporaron centros de simulación clínica para reforzar la preparación práctica del personal sanitario.[49]

El fortalecimiento del recurso humano en salud se perfila como una línea estratégica en evolución, orientada a mejorar la adecuación de las competencias del personal sanitario frente a los cambios del perfil epidemiológico y demográfico del país. En términos de disponibilidad, los registros del Consejo Superior de Salud Pública indican que el número de médicos activos aumentó de 7,779 en 2019 a 17,437 en 2024, alcanzando una densidad de 28.9 médicos por cada 10,000 habitantes, por encima del valor de referencia internacional (≥23). En enfermería (licenciadas, tecnólogas y auxiliares), se registraron 11,399 profesionales en 2024, con una densidad de 45.3 por cada 10,000 habitantes, superior al estándar recomendado (≥30), lo que contribuye a la capacidad resolutiva y continuidad de la atención en las RIISS.[28][50]

En este contexto, se observan esfuerzos dirigidos a ampliar progresivamente la formación en especialidades y áreas consideradas prioritarias incluyendo cuidados paliativos, rehabilitación, nutrición clínica y emergencias médicas, así como a fortalecer los programas de residencias médicas, la formación especializada y las capacidades en gestión hospitalaria. Paralelamente, se promueve el uso de centros de simulación clínica como herramienta para reforzar la formación práctica y la calidad de la atención. Sin embargo, existen desafíos asociados a la planificación de largo plazo del recurso humano, su distribución territorial y su articulación con las necesidades de la red de servicios, particularmente en el marco del fortalecimiento de la Atención Primaria de Salud. [28][50]

Perspectivas a futuro

De cara al futuro, El Salvador enfrenta el reto de consolidar la sostenibilidad de la transformación de su sistema de salud, con foco en la reducción de inequidades, el fortalecimiento del financiamiento y el desarrollo del recurso humano. La profundización del modelo basado en Atención Primaria de Salud (APS), la integración funcional de las Redes Integrales e Integradas de Servicios de Salud (RIISS), la expansión de la salud digital y la acción intersectorial sobre los determinantes sociales y ambientales constituyen líneas estratégicas para avanzar hacia un sistema más equitativo, resiliente y centrado en las personas, en coherencia con las Funciones Esenciales de Salud Pública (FESP).[22][28][51]

En este contexto, el país formalizó en 2024 su adhesión a la Alianza por la Atención Primaria de Salud en las Américas mediante la creación de una Mesa Consultiva nacional, orientada a alinear cooperación técnica y financiera con la OPS, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. De manera complementaria, la puesta en marcha del Centro Nacional de Capacitación y Formación en Salud, con apoyo de la cooperación internacional (KOICA), junto con el fortalecimiento de la infraestructura científica y tecnológica, incluidos los centros nacionales de radioterapia, trasplantes, cuidados paliativos y enfermedades no transmisibles; los cuales contribuyen a ampliar la capacidad resolutiva del sistema y a sostener el proceso de modernización sanitaria. [22][28][51][52]


Referencias

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Las fuentes de los indicadores interagenciales usados en este perfil se pueden encontrar en este cuadro

Para obtener los datos más recientes sobre indicadores de salud para la Región de las Américas, asegúrese de visitar el portal de Indicadores Básicos de la OPS.